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Andrea Frigerio, en permanente construcción

Encarna a una malvada madama de un burdel en "Argentina, tierra de amor y venganza". Tiene dos hijos, tres nietos, escribió un libro y crea blends para su línea de perfumes. Una charla con la exmodelo, actriz y casi bióloga en la que ensaya una fórmula química para explicar el amor.

viernes 17 mayo, 2019
No se banca las injusticias. Sensible y emocionalmente muy activa.
No se banca las injusticias. Sensible y emocionalmente muy activa. Foto:Alejandra Mourín

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Inquieta. Esa es la mejor definición para Andrea Frigerio, 57 años, casada y madre de dos hijos: Tomás, de 36 años, y Josefina, de 21. Casi bióloga, exmodelo, conductora y actriz de cine, teatro y televisión, también publicó un libro y es la directora creativa y fundadora de una línea de perfumes. Es que Andrea estudió Ciencias Biológicas en la Universidad de Buenos Aires y, aunque no terminó la carrera, se nota que eso le apasiona. No sólo cuando ensaya una explicación química sobre el amor, como leeremos más adelante, sino, también, cuando crea los blends de Roses are Roses, su línea de perfumes. “Crear blends es como pintar un cuadro”, dice. Y agrega: “Tengo inspiraciones varias que tienen que ver con emociones, con recuerdos, con personas, con momentos. Voy mezclando. Mezclo esencias, tengo debates con químicos que se dedican a esto, me encanta”.

-¿Qué creés que te queda por hacer?

-¡Un montón de cosas! Estoy en construcción permanente y no sé la vida con qué me va a sorprender o qué caminos me va a ofrecer transitar. Pero no soy miedosa, no necesito quedarme en un lugar para sentirme contenida o protegida. Me encanta tomar riesgos. Si comparamos la vida con un parque de diversiones, hay gente a la que le gusta ir siempre a los mismos juegos porque ya sabe de qué se tratan. Yo no. Voy a todos. El que no me gusta no lo repito, pero voy a ir mil veces al que me gusta. Y siempre que haya un nuevo, lo voy a probar. Siempre estoy abierta a probar lo que la vida tiene para mí, para sorprenderme.

-¿Cuál de todas las actividades que desarrollaste hasta ahora en tu profesión te dio más satisfacciones?

-Todas. Porque yo soy el resultado de las sumas de todas esas etapas mías. Yo fui atravesando los distintos ámbitos y de todos conseguí instrumentos para dar el paso siguiente.

-¿Cómo fue esa evolución?

-Siempre fui una chica con mucha actividad extracurricular porque mi mamá y mi papá me mandaban a hacer de todo. Terminaba el colegio doble escolaridad y siempre tenía una o dos cosas para hacer después. Francés, inglés, tenis, baile clásico, piano, guitarra. ¡Soy profesora de solfeo! Y eso también me formó, no solo en cuanto a las distintas disciplinas, sino que me formó la personalidad. Estoy todo el tiempo abriendo puertas nuevas y metiéndome en mundos nuevos. Hago excursiones por esos mundos que, si me gustan, me quedo. Y si no me gustan, me retiro. Y soy muy libre en ese sentido. No me importa que me digan ‘¿pero cómo? ¿Vos no eras tal cosa?’. Yo no entro en los cajoncitos ni en las clasificaciones de los demás. Voy por la vida siendo lo que me gusta. Es mi personalidad y fui educada así. Si tengo ganas de hacer algo, lo hago. No me preocupo por lo que otro pueda pensar. Así fui y así pienso seguir yendo por la vida.

-¿Cómo es la relación con tus hijos?

-Muy distinta con cada uno, porque tengo dos hijos de edades muy diferentes. Tomás, que me hizo abuela, es una persona adorable. Buen hijo, buen padre. ¡Qué decirte de Tomi! ¡Es especialmente buena persona! Yo lo tuve a los 19 años, imaginate que casi fue como un hermano menor...

Andrea_Frigerio

-¿Cómo fue ser mamá tan joven? A la distancia, ¿hubieras hecho algo de otra manera?

-Fue divino. Divino, divino, divino. No cambiaría absolutamente nada. Cuando Tomi nació, incluso desde que quedé embarazada, se podía caer el mundo, desmoronarse adelante mío, pero si yo estaba con él, estaba completa. La sensación de poder, en el buen sentido, de sentirme poderosa como mujer, como persona, me lo dio la maternidad. Estábamos mi hijo y yo y estaba completa. No necesitaba nada. Con mi hija fue diferente porque yo la tuve a los 35 años y ella fue una chiquita muy mimada, muy rodeada de algodones. Tomi no. Tomi nació cuando yo tenía miles de urgencias. Tenía que trabajar y me lo llevaba conmigo a todos lados porque no tenía con quién dejarlo. Con Fini estaba todo mucho más armado y fue muy mimada. Todo lo que quería, lo tenía.

-Hablás de Fini y de Tomi y se te ilumina la cara...

-Sí, me emociona. Fini se acaba de ir por mucho tiempo de viaje, a dar vueltas al mundo. Muchas vueltas. Se fue a vivir la experiencia que siempre quiso. Así que estoy en un momento bastante especial porque no sé cuándo la voy a volver a ver. Se fue con su novio. Quisieron irse por mucho tiempo y yo estoy comprometida para trabajar acá con contrato firmado por muchos meses, así que no sé cuándo nos volveremos a ver. Es la primera vez que me separo de ella, pero estoy tranquila. Ahorró plata, lo planeó, es su deseo. Yo la respeto mucho porque fue su determinación. El día que se fue le escribí “yo te di todo lo que te podía dar como mamá: raíces y alas”, que es todo lo más importante que los padres les podemos dar a los hijos. Eso y una infancia alegre.

-¿Vos tuviste una infancia feliz?

-Yo fui una chiquita muy feliz. Con un papá y una mamá que me querían mucho. Fui primera hija, primera nieta, primera sobrina, primera todo. Soy la mayor de cuatro hermanas y la verdad es que fui muy mimada. Para que te des una idea, mi abuela materna, Luisa, aplaudía cuando yo llegaba. Así me recibía. Era como que llegaba la alegría de la casa. Fui muy querida de chiquita.

-Tenés tres nietos, Olivia, Ramón y Jacinta: ¿cómo sos como abuela?

-Imaginate que mi nieta me dice “‘abueloca”. Yo me disfrazo, juego como si tuviera la edad de ellos. Corro, me subo a los sillones, soy un desastre. Soy cero abuela tradicional. Soy una más, hago lío. Es lo que me sale. En mi vida soy muy lúdica y con ellos lo soy mucho más.

-Se te nota una persona alegre ¿Qué te hace sufrir?

-No me banco las injusticias. Situaciones en las que veo sufrir a otros y no los puedo ayudar. Soy súper sensible. Soy una persona emocionalmente muy activa. Me permito transitar las emociones, no reprimo nada.

-¿Te sentiste traicionada alguna vez?

-Si, obvio. Pero, en general, como no tengo muchas expectativas sobre los otros, después no me veo defraudada. Pero sí, me han traicionado. No muchas veces. No es que me han traicionado a diestra y siniestra, pero he vivido situaciones de gente que a lo mejor yo pensaba que era una manera y era de otra. De todas maneras, con los años aprendí a no esperar mucho de las personas. Yo espero de mí. Tengo el ojo puesto sobre mí, no sobre los demás. -¿Cómo reaccionarías ante una infidelidad de tu pareja? -Prefiero contestarte cómo reaccionaría frente a una deslealtad, porque para mí hay una diferencia entre infidelidad y deslealtad. Yo prefiero las personas leales. Leales quiere decir que, a lo mejor, me quieren, no me quieren hacer sufrir ni perjudicarme y son leales a mí. Y por ahí pueden cometer una infidelidad y pueden equivocarse, o pensar que lo manejaban y no lo manejan. Pero hay amor. Un error lo puede cometer cualquiera. La deslealtad es otra cosa y eso me duele mucho más. No me pasó. Pero si me llegara a pasar es eso lo que más me dolería.

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-Hace 27 años que estás con tu segundo marido, Lucas Bocchino. ¿Cómo se conocieron?

-Me llamó por teléfono un montón de veces. Él me esperó muchas veces a la salida de algunos desfiles, pero yo no lo registré. De esto me enteré después. Pero me llamó un montón de veces y en una de esas le dije “bueno, conozcámonos”. No estaba muy abierta a tener una relación porque estaba separada hacía menos de un año, y quería disfrutar mi vida de soltera. Me había casado muy chica y, sin embargo, de a poquito fuimos construyendo una relación y acá estamos.

-¿Y cómo es mantener el amor durante tantos años?

-El amor es algo que uno va alimentando y cultivando. Toda la explosión hormonal del principio pasa y después es una cuestión química. Uno va generando una sustancia, después de las endorfinas y de todo eso que te pasa en el cuerpo cuando recién conocés y querés ver desesperadamente, casi adictivamente, a la otra persona. Pasa y da paso a otra sustancia que se llama oxitocina que es la hormona del apego. Por eso después uno quiere estar con la otra persona. Si vos seguís generando oxitocina y la otra persona también, esa oxitocina hace que quieran estar juntos mucho tiempo. Parece un poco demasiado químico, pero es que nosotros creemos que elegimos. Creemos que hay libre albedrío. Pero en realidad son otras cuestiones. Prácticamente es la naturaleza la que nos hace creer que estamos eligiendo. El sexo es una trampa de la naturaleza para que la especie siga existiendo.

-¿Notás el paso del tiempo?

-Sí, pero a mí me encanta cumplir años. Me gusta la palabra “cumplir”, porque cumplo las etapas que me propone la naturaleza y la vida. No es algo que me pese. Obvio que me gustaría vivir mil años. Quien te dice, por ahí puedo (se ríe). No me gusta irme de la vida, pero no me quiero quedar aferrada a la vida joven, quiero ser la que soy, la que me toca ser, y vivir mucho tiempo...

-¿Cómo te parás frente al feminismo?

-Yo no soy feminista, tampoco machista. No soy ningún “ista” de nada. Por lo general, no adhiero a movimientos colectivos. Es mi forma de ser. Por supuesto estoy de acuerdo con que no quiero que haya ni una sola mujer ni hombre muertos por cuestiones de violencia. Estoy en contra de la violencia en todas sus expresiones. Y a favor de la educación y de la amorosidad. Me parece que estamos en un momento del péndulo que pasamos de ser maltratadas como mujeres y ahora estamos como en el otro extremo, como irritadas y peleadas con esa situación, y queremos romper todo. Y bueno, estoy esperando que quedemos en el medio. Que no estemos ni acá ni allá y que nos defendamos como personas.Porque a mí las cuestiones de género no me atraen para nada. Para mí somos personas y lo que más me importa de las personas son sus pensamientos y sus sentimientos. Todo lo demás, si tiene rayita, pitito, esto, lo otro, no me importa nada eso. Me interesan los seres humanos, las personas. Todo lo demás es accesorio. Para mí es como que es rubio, alto, bajo, es lo mismo.

 

EN PERMANENTE CONSTRUCCIÓN.

“Siempre estoy como en construcción. Tengo un montón de cosas por hacer y espero que me alcance la vida. Creo que sí, porque pienso vivir mucho”, dice Andrea, quien acaba de terminar la obra Cuerpos perfectos y empieza a grabar una tira de época en Polka con la China Suárez y Benjamín Vicuña. “Soy una madama de un burdel. Malísima. Me encanta hacer de mala”. Además, publicó Belleza Emocional, de Grijalbo, libro en el que comparte hábitos saludables. “La idea fue compartir lo que aprendí de mis abuelas y mi mamá. Si uno crea hábitos, duerme y come bien, cuando hay una actitud amorosa con el cuerpo, el cuerpo devuelve lo mismo”.

Andrea_Frigerio

Alejandra Mourín

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