Break!

Entrevistas Personaje

“Hago terapia hace 22 años y no me preocupa que me den el alta”

Siempre le toca ponerse en la piel de personajes oscuros y no reniega de eso. En plena crisis de los 40, se reconoce un chico bastante rebuscado, pero que con el paso del tiempo y la paternidad logró reenamorarse de su profesión y del disfrute.

martes 21 agosto, 2018
Ludovico
Ludovico Foto:José Tolomei

Más noticias de Entrevistas

Se viste cool como pocos, tiene toda la onda, pero está muy lejos de ser un tipo snob. Ludovico es un pibe de barrio, más bien un chico de campo que supo adaptarse a la gran ciudad reemplazando las costumbres de su pueblo (Lincoln, provincia de Buenos Aires) a las de Palermo. Y así, entre tardes en el cafecito de la esquina, fútbol con amigos y mañanas de plaza con su hijo Filippo de 6 años llegó a los 40, número que le está costando todavía asumir. Este 2018 debutó en comedia con la pieza teatral Los tutores (La Plaza), una obra que transcurre en la oficina de la directora de un colegio privado y que deja en evidencia todas las miserias de los padres y directivos, y en breve comienza las grabaciones de la comedia del Telefé Cien días para enamorarse, con Carla Peterson y Nancy Duplaá.

-Tus personajes siempre tienen un costado complejo, ¿por qué?
-Me ven así, juro que soy algo oscuro y complejo pero mucho más bueno de lo creen los productores (risas). En la nueva tira de Telefé hago de un profesor de yoga que trabaja en una inmobiliaria y es gay. La excepción fue el personaje de cura que hice el año pasado en Cuéntame cómo paso. Cuando me lo propusieron no podía creerlo, pregunté diez mil veces si no se iba a mandar una cagada...

-En teatro sos un candidato a intendente corrupto con un hijo que asiste a un colegio bilingüe carísimo dentro de un country, ¿elegirías ese tipo de educación para Filippo?
-Mi hijo va a un colegio privado que está en la esquina de casa y tiene una educación relacionada con el arte, la naturaleza y la expresión. Al principio me daba mucha fiaca participar de todas las actividades que ofrecían: festejar el Día del árbol, ir a la bicicleteada, la tarde de lectura con papis, pero ya le agarré la mano y veo que él lo disfruta y está feliz. Ser papá también es aceptar concesiones. Yo soy un bicho que me formé en la educación pública y me siento un poco en deuda con eso. De todas formas me gustaría que la escuela secundaria la haga en el Nacional Buenos Aires o el Carlos Pellegrini. La decisión será de él, no nuestra.

-¿Qué te interesa que aprenda?
-¡Inglés! A sumar, restar y dividir y, básicamente, a ser un buen pibe. Respeto lo académico, pero quiero que aprenda a relacionarse a desarrollarse como persona, que sea empático con la realidad que nos rodea. Con eso me conformo.

-¿Cómo te llevás con la política?
-Me interesa, me informo escuchando radio a la mañana y leo siempre La Nación y Página 12, ¡un día me voy a morir de una contradicción! (risas). Lo cierto es que estoy desenamorado, decepcionado, dolido... No me siento representado por ningún espacio, por eso no milito, sólo voy a determinadas marchas con las que comulgo.

-En la obra tu personaje es infiel, ¿tenés una posición frente a eso?
-Sí, que la fidelidad está totalmente sobrevalorada. Existen muchos aspectos más importantes que no son tenidos en cuenta como el amor, el respeto, el cariño, la valoración del otro, el ocuparse del otro... La fidelidad no es la piedra fundamental de la pareja. Lo es de la monogamia, que claramente hoy está en crisis.

-¿Te sorprende la cantidad de acosos que salieron a la luz en el mundo del espectáculo nacional e internacional?
-Nunca viví ninguna situación de ese tipo, pero, por otro lado, entiendo que hoy uno está mucho más atento a su cuerpo y a su alrededor. Está bueno para repensar, replantearse y registrarse uno mismo mucho mejor. Y por supuesto, para que las mujeres se sientan respetadas y luchen por la igualdad de derechos en todo sentido.

-Vos trabajaste con Calu Rivero, que denunció acoso por parte de Juan Darthés y se armó mucho revuelo...
-Sí, yo no estoy para nada de acuerdo con que Calu esté buscando fama, no la necesita. Creo que se animó a decir lo que sentía y me parece muy valorable. Fue valiente y se expsuo a que todos puedan salir a criticarla. La quiero mucho y yo mismo salí a apoyarla en redes cuando lo dijo.

-¿Hacés terapia?
-Hace 22 años.

-¿Nunca dejaste?
-Bueno, cuando el terapeuta se toma vacaciones (risas). Fue cambiando de profesionales. Ahora voy a una psicoanálista que también es astróloga y me habla de los signos y el universo. Eso le otorga cierta mirada y escucha diferente. Me dice que tengo la Luna en Aries y yo no entiendo nada (risas). Me para en otro lugar y me hace repensar mucho mis cosas. Necesito terapia, es un lugar donde reflexiono, me pienso, evaluo, registro... Ya no me interesa darme el alta.

-Cumpliste 40, ¿cómo te cayeron?
-Y aparecieron todas las canas (risas). Pensé que me iba a pegar peor de lo que me cayó. Me pesa el número, es muy contundente. No soy ni loco el que me imaginaba. Tengo 40 y mi vida es muy parecida a los 35 pero con un hijo. Tengo cierta claridad en las cosas que quiero, que no deseo repetir, sé cuáles fueron mis errores, estoy más maduro, pero eso no quita que tengo un costado de niño que se vincula con lo lúdico y divertido. Me sigue gustando salir con amigos, ir a tomar algo, bailar... Mi plan de sábado nunca es sentarme a leer a Foucault, sino juntarme con los pibes y hablar del fútbol.

-En un punto, ¿sos el chico que vino de Lincoln hace largo tiempo?
-Sí, claro. Lo noto en la elección de mis amigos, en lo que quiero para mi hijo, en encontrar el eje en el contacto con la naturaleza... Soy un tipo muy de barrio. El barrio es como mi pequeño pueblo. Me gusta conocer al kioskero, ir al mismo café, que el mozo sepa qué tomo... Cuando no tengo esas rutinas las extraño mucho.

-¿Qué actividades te generan mucho placer?
-Jugar con Filippo, verlo divertirse me hace muy feliz, salir con mis amigos, ver una buena película, disfrutar de la comida. ¿Mi placer culposo? El dulce de leche y la pizza. Soy un pibe triste, porque no soy flaco por genética. Todo lo que se ve me insume mucho sacrificio, ejercicio y dieta balanceada. Me tengo que cuidar con las comidas, sino volvería a ser “el gordo”, como me decían en la secundaria. Por otro lado, hoy disfruto mucho de mi profesión a pesar de haber estado desencantado por un tiempo. Me volví a conectar con la actuación.

-¿Quisiste dedicarte a otra cosa en ese momento de crisis?
-Pensé dejar la profesión un montón de veces. Hubo años en los que no tenía ganas de actuar, ni tampoco me divertía. Estaba peleado con mi profesión y de golpe me reconcilié, comencé a estar más recepetivo y con ganas de aprennder... Siempre tengo ganas de hacer otras cosas: quizá radio o algo referido a la moda. El sueño de tener un bar con amigos siempre está, aunque nunca termina siendo negocio (risas).

-¿En qué te cambió la paternidad?
-Filippo me hizo madurar mucho, me hizo ser más responsable de mí mismo, porque es un espejo. No aprender de lo que uno dice, sino de lo que uno hace y ven. Él es bastante cabrón como yo y ahí me reflejo enseguida. Tengo charlas largas con él al respecto, pero noto enseguida mi error y que el lo repite.

-¿Qué te relaja?
-Es difícil encontrar ese momento, (piensa). Bailar, cuando bailo me olvido de todo. Me gusta salir a caminar, hacer terapia, jugar al fútbol, quedarme en el patio de mi edificio mirando el cielo... Esos son momentos en donde dejo la mente en blanco, donde las preocupaciones quedan en pausa.

-¿Qué aprendiste en el amor en estos 40 años?
-Espero haber aprendido algo.(Piensa) El amor es un lugar común, como la paternidad y no se puede huir de eso, es cursi y fin de la discusión. Saber qué queremos cuesta mucho porque hay que aceptarse y en ese proceso uno cae en la cuenta de lo que uno no es y carere. El amor tiene que ver con hacer espacios y dejar que el otro sea, sin pretender otra cosa, esa la verdadera libertad.

-¿Cómo te ves a los 80 años?
-Evito pensar en esa imagen. Ya estoy deprimiéndome con 40, ¡imaginate con el doble! (Piensa). Ojalá me encuentren en una playa y bailando recibiendo y despidiendo al sol. Espero que el cuerpo me de (risas).

Encuesta

Top Stories

no results data in query to Analytics