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Rodríguez Larreta: “No me considero amigo de Macri”

El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires muestra su lado b y habla del vínculo con su esposa, de porqué se considera para nada machista, del aborto y de sus sueños frustrados: haber sido jugador de Racing o historiador.

martes 18 septiembre, 2018
Horacio Rodriguez Larreta
Horacio Rodriguez Larreta Foto:Nestor Grassi

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La cita es un lugar bastante particular: un café en pleno Belgrano en el que ni los clientes ni el dueño saben que por un rato largo se sentará ahí el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, pasar inadvertido no es una posibilidad. En cuanto cruza la puerta la gente lo reconoce y automáticamente se transforma en una especie de rockstar, querido y odiado a la vez. Los vecinos se acercan y le hace en igual proporción reclamos como halagos. Son las 16:30 y llegó sin custodia, caminando, y acompañado por su agente de prensa y su secretaria. Se sienta, le cuesta concentrarse, pide un café apenas cortado, lo toma con la mano que le tiembla (a causa del trastorno que tiene desde que nació hace 52 años y que se llama temblor esencial), deja el celular a un costado, relojea la pantalla de TN del bar para saber qué está pasando (justo apareció un titular que dice Macri) y finalmente se “relaja” para la charla, que durará media hora, tal cual se había estipulado. Está con ganas de charlar, sobre todo si no es de política, algo que afirma le divierte mucho más.

-¿Qué se te pasa por la cabeza cuando no estás pensando en política?

-Trato de cortar por la noche. No salgo jamás a comidas vinculadas al laburo. Cerca de las 20:30 llego a mi casa, ceno con mis hijas y mi mujer, dejo un rato el celular de lado y disfruto de ese momento. Los sábados a la mañana aprovecho para recorrer algunos barrios, desayuno en lo de algún vecino y al mediodía corto hasta el lunes.

-¿Y qué hacés?

-Estoy con mi mujer (N. de la R.: Bárbara Diez, organizadora de eventos), con la que tengo una buenísima relación. Me gusta mucho el fútbol, voy a la cancha a ver a Racing, aunque mucho menos de lo que me gustaría; sino leo, miro alguna película, trato de desenchufarme. Los sábados y domingos duermo siesta porque descanso muy poco en la semana.

-¿Qué te da mucho placer y no podés hacer por tu cargo político?

-Sin dudas, el fútbol. Soy un apasionado, pero ahora voy poco a la cancha porque me insume muchas horas. Otra cosa que me gusta es salir a comer con mi esposa solo, te diría que por lo menos lo hacemos dos veces por semana, algunas tres. Vamos y visitamos restaurantes nuevos, es una actividad que nos gusta mucho. Pedimos, por lo general dos platos, los ponemos al medio y compartimos. Así podemos probar más opciones.

-Es un buen promedio salir dos veces por semana solos con 17 años de matrimonio y tres hijas...

-Sí, la clave es que tenemos intereses muy distintos y somos muy compañeros. Estamos en contacto todo el día y nos juntamos mucho cuando cada uno tiene un rato libre. Si viajo, ella siempre me acompaña. No existe para mí hacer un viaje solo o con amigos, no se me cruza por la cabeza.

-En tu casa estás rodeado de mujeres (N. de la R.: Manuela, Paloma y Serena son sus hijas)...

-Totalmente, estoy acostumbrado y me da muchísimo placer. Aparte las hijas mujeres tienen cierta debilidad con el padre y eso sucede también en mi familia. El único tema es que no me acompañan a la cancha porque no les gusta el fútbol.

-¿Cómo fue la experiencia de ser padre a los 50 años?

-Fue todo un cambio. Tenía 50 recién cumplidos y recién asumido como Jefe de gobierno por segunda vez. Me cambió todo: el ritmo de vida, los horarios, la organización... Tuve como tres primeras hijas, una que hoy tiene 22, otra de 16 y de ahí pasé a la de 2. Son todas casi hijas únicas. Cuesta un poco agacharse a jugar, más aún que Serena es un petardo, no para un segundo. Lo único que tiene de serena es el nombre.

-¿Qué compartís con ellas?

-Tenemos la disciplina de comer a la noche juntos. A Serena trato de buscarla a la tarde del jardín dos veces por semana, de ahí nos escapamos a una plaza o a un shopping cerrado cuando el clima no ayuda.

-¿Las grandes se involucran con tu trabajo?

-La mayor, Manuela, colaboró en la campaña, repartió folletos y tiene muchísimas inquietudes. A la de 16, Paloma, le da un poco más de vergüenza mi rol, le cuesta aparecer conmigo, acompañarme y salir a la calle. No le gusta mostrarse en medios ni en fotos familiares, es la más perfil bajo de todas, pero conmigo tiene un vínculo súper cariñoso.

-¿Te es complejo ser papá de adolescentes?

-Es todo un desafío. Mis hijas tienen la suerte de tener una madre espectacular que además es súper presente. Bárbara tiene muy buen diálogo con las chicas.

-¿Vos no tenés tanta charla con ellas? ¿hablás de sexo, por ejemplo?

-Sí, hablamos, pero siendo mujeres tienden a tener una relación más íntima con la mamá. Ella es realmente bárbara, como lo dice su nombre.

-¿Te considerás feminista?

-Me considero cero machista. Y trabajo para fortalecer los derechos de la mujer. Creo que tenemos que hacer un esfuerzo como sociedad para que exista la igualdad.

-Pero estás en contra de la legalización del aborto, ¿por qué?

-Estoy a favor de la vida, en contra del aborto. Y me pareció muy bueno que se haya dado el debate y que dejemos de lado los fanatismos extremos. Es un tema muy sensible para cualquier sociedad y hay que trabajar mucho más de lo que venimos haciéndolo en la educación sexual.

-¿Cómo te involucrás con el trabajo de Bárbara?

-Ahora mucho menos. Hasta que nació Serena la acompañé todos los fines de semana de mi vida a sus eventos. Tenía asistencia perfecta y era el crítico número uno de la comida.

-¿Qué hacías toda la noche?

-Iba medio de colado, comía en la cocina, era el probador oficial... Hoy es más complejo, incluso para Bárbara, pero cada tanto la acompaño.

-¿Estás en algún momento de tu vida solo?

-Poco. Tengo una agenda muy intensa, voy muy poco a la oficina, porque la mayoría de mis reuniones son en bares y siempre estoy rodeado de gente. Solamente estoy sólo cuando salgo a correr a la mañana muy temprano, lo hago cuatro veces por semana a las 5:45.

-Noté que te movés sin custodia, ¿por qué?

-Nunca tuve un problema en la calle. Incluso cuando se pone más picante y viene alguien a enfrentarte nunca tuve un riesgo físico. Primero creo que no la necesito y segundo te aleja del contacto directo con la gente.

-¿Nunca tuviste un exabrupto?

-Soy cero de perder la cabeza, tengo mucha templanza. No soy de calentarme nunca.

-¿Ni en la cancha?

-Tampoco. Yo por principios no putearía jamás a un jugador de Racing. Al referí tampoco, no me vuelvo loco en la cancha.

-¿Cómo lográs ese equilibrio y paciencia?

-Lo familiar ayuda mucho, además del estado físico. A veces voy a nadar para relajar y bajar decibeles.

-¿Hacés terapia?

-No.

-Pero, ¿hiciste alguna vez?

-Sí, hace mucho tiempo, pero dejé.

-¿Por qué?

-Son etapas de la vida, hoy no estoy para volver.

-¿Salís con amigos?

-A veces, tengo muchos.

-¿De la política?

-No, yo soy de cultivar a los amigos de toda la vida, los del colegio, los de la facultad, mis compañeros de platea desde hace 25 años. Tengo algunos amigos desde los 5 años. Trato de organizar programas en casa con mis amigos de la vida, no con los de laburo.

-¿No tenés ninguna amistad de la política?

-Soy de los que creen que los amigos son los del colegio. Le doy demasiada importancia a mis amigos reales como para usar la palabra a la ligera. Sí tengo gente con la que trabajo hace muchos años y mantengo excelente vínculo, afinidad y confianza a prueba de balas, pero el amigo tiene que compartir otras cosas.

-¿Dirías que sos amigo de Mauricio Macri, por ejemplo?

-No, no. Mirá que con Mauricio tengo una confianza infinita, pero la palabra amigo tiene otra connotación.

-Si no te hubieras dedicado a la política, ¿qué hubieras hecho?

-Yo hubiera querido ser 9 de Racing, pero no me dio el piné. Tengo la suerte de tener una fuerte vocación por lo que hago, eso te ordena y te facilita mucho las cosas.

-¿Te interesa el mundo virtual?

-Muy poco, estoy conectado, miro las redes sociales, chusmeo los medios por el teléfono, organizo mis reuniones, pero no soy nada obsesivo. No tengo la última App y no diferencio un teléfono de otro.

-¿Tenés grups de chat?

-No, en general no me gustan. Hay un punto que tanta conexión te hace ineficiente y te desconecta de la relación personal.

-¿Te gusta ser Jefe de Gobierno? El otro día le preguntaron a Macri por Instagram Live y respondió que lo podía responder más adelante...

-Sí, a mí me apasiona mi trabajo, me encanta, estoy todo el día alerta, mirando lo que pasa en la calle... Es muy tangible mi trabajo, para bien y para mal. Me encanta mi tarea, me gusta su poder de transformación.

-¿Te imaginás alejado de la política?

-Me cuesta porque le pongo mucha pasión, pero sé que siempre hay un día después.

-¿Y qué te imaginás haciendo en ese momento?

-Desacelerando un poco, porque son años de mucha carga horaria e intensidad.

-¿Cómo te cae el paso del tiempo?

-Físicamente estoy bien, me cuido. Veo a mis hijas crecer y ahí me doy cuenta de los años que pasan. No me alarma para nada.

-¿Sos coqueto?

-Jamás me compro nada de ropa, me compra Bárbara y a lo sumo yo la acompaño. Lo que ella elige, me pongo. No hay ninguna posibilidad de que yo decida en algo que tenga que ver con la moda. Jamás iría a un shopping a comprarme ropa.

-¿Sos romántico?

-Sí, no de llevar flores, pero sí darle importancia al tiempo que paso con mi pareja, tener buenas charlas...

-¿Tenés placeres más vinculados a lo material?

-Comer un panqueque de dulce de leche, o un Rogel rico. Un buen asado también lo disfruto al máximo. No tengo placer por lo material. Por ejemplo, no distingo un auto del otro, una Ferrari de un Fitito, muchas veces salgo apurado de una reunión y me subo a cualquier coche. No distingo una ropa de marca de otra. No le presto atención a eso, me concentro en la practicidad de las cosas.

-¿Tenés algo pendiente que quisieras aprender?

-(Piensa). Me gusta mucho la historia. Leo biografías, miro series en Netflix, así que haber estudiado historia puede haber sido una cuenta pendiente.

Pasaron 29 minutos de la charla, y como si tuviera un reloj interno, Horacio pide disculpas y avisa que tiene que irse para seguir con sus actividades. Se levanta, saluda y se va caminando por Avenida Cabildo jugando a su propio juego: el de querer ser y parecer un vecino más.

Fernando Gomez Dossena

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