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Javier Frana: “Enterré al tenista hace mucho tiempo”

Fue un deportista destacado y luego logró posicionarse como el comentarista más respetado del deporte blanco. Sus raíces pueblerinas, sus hijos, el ego domado y el sacrificio y dolor como pilares de su vida y carrera.

martes 30 enero, 2018
Fue un deportista destacado y luego logró posicionarse como el comentarista más respetado del deporte blanco. Sus raíces pueblerinas, sus hijos, el ego domado y el sacrificio y dolor como pilares de su vida y carrera.
Fue un deportista destacado y luego logró posicionarse como el comentarista más respetado del deporte blanco. Sus raíces pueblerinas, sus hijos, el ego domado y el sacrificio y dolor como pilares de su vida y carrera. Foto:JOSÉ TOLOMEI

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Llegó a ser número 30 del ránking de mundial en 1995. Ganó tres torneos ATP, un Olimpia de plata y un premio Konex en reconocimiento al mérito. Fue un gran doblista, llevándose una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y llegó a las finales de Wimbledon y Roland Garros, en el campeonato francés en categoría mixta. Luego de abandonar el tenis por una dolencia bastante extraña en el oído, el padre de Lucas (20), Valentina (19) -de su primer matrimonio- y de Franceso (8) y Stefano (6) -junto a su actual mujer- encontró su lugar como comentarista de la señal ESPN. A los 50 años Javier Frana, periodista y oriundo de Rafaela (Santa Fe), dicta algunas clínicas de tenis y es reconocido aún como uno de los deportistas de compartamiento más intachable en el universo del tenis. 

-¿Cómo te presentás con alguien que no conoció tu época de gloria? ¿Cómo ex tenista? 
-Jamás, le digo que soy comentarista de tenis de ESPN. Y después si me empieza a preguntar un poco más, seguramente llegará el momento de confesarlo (sonríe). 

-Una vez un director técnico y ex futbolista dijo que nunca logró dejar de ser jugador. ¿Se deja de ser tenista después del retiro? 
-En mi caso personal al tenista lo maté hace mucho tiempo. Hice un pequeño velatorio y lo enterré. A tal punto que a veces miro un partido muy importante y pienso cómo será estar en una cancha de tenis con la responsabilidad de disputar la Copa Davis. ¡Cuando yo mismo estuve ahí! Es muy loco eso. En la mayoría de los casos creo que también tiene que ver con la actividad que uno elige después del retiro. 

-A pesar de que decís que enterraste al jugador, tuviste un retiro bastante traumático, ¿te costó esa despedida? 
-Me ayudó mucho que haya sido así. Tuve un problema de salud severo, entonces no hubo lugar para la nostalgia. Tuve una sordera en el lado izquierdo de mi oído jugando Wimbledon. Se barajó la posibilidad de un tumor en el cerebro hasta que detectaron que fue una pérdida espontánea de audición, que técnicamente se llama tinnitus. Al otro día cuando fui al al hospital ya tenía pérdida de filtros, o sea, que todo lo que escuchaba acoplaba, se distorsionaba... era una pesadilla. En Londres estaba con mi ex mujer y mi hijo recién nacido, ¡no podía escucharlo jugar! Es agobiante y desesperante. Hasta me molestaba para dormir y llegué a tener episodios de laberintitis, que son mareos muy fuertes. 

-¿Te quedaron secuelas de la enfermedad? 
-Me quedó un daño en el cerebro, es por eso que a veces tengo molestias. Estuve muchísimo tiempo sin ir a lugares ruidosos. El ruido no termina de irse, pero uno logra olvidarse de que está siempre presente. Hay ciertos sonidos que me molestan muchísimo, por eso cuando relato no me pongo el auricular izquierdo. De todas maneras cuando logré estabilizarme, hice un intento muy progresivo para volver al tenis, pero al poco tiempo de jugar comenzaron de nuevo los mareos y las molestias. Realmente miraba a mi hijo, la posibilidad de estar con él y disfrutar sin molestias. Prioricé llevar una vida normal a mi carrera. 

-Y cuando mataste al tenista, ¿ya tenías decidido a qué te ibas a dedicar? 
-No quiero que se malinterprete, no reniego del tenis. Es un deporte que me enseñó muchísimo: pelear frente a la adversidad, tomar decisiones en caliente y tener paciencia. Siempre supe que algún día se iba a terminar, que todo era circunstancial. Tal vez tiene que ver con mi origen, soy de Rafaela y nunca soñé con jugar al tenis y menos llegar a dónde llegué. Ese espíritu de pueblo y de no haber perdido mis raíces siempre me acompañó.
 
-¿Cómo se dio entonces la oportunidad de sumarte a la tevé? 
-Me encontré en un torneo con un conocido de años que era gerente de programación de ESPN. Me consultó si en algún momento me interesaba comentar tenis, le respondí que sí y al tiempo estaba relatando Roland Garros. Fue en 1998, luego de haber sido entrenador de Guillermo “Willy” Cañas. 

-¿Cómo te acomodaste en el rol de comentarista? 
-Cuando jugaba al tenis no miraba partidos, entonces tuve que ponerme a ver y prestar mucha atención. Previo a mi debut padecí una hepatitis eterna, duró muchos meses, y el reposo me sirvió para poder enfocarme en mi nueva tarea. 

-Y, sin buscarlo, te convertiste en uno de los más respetados del rubro, ¿por qué? 
-Bueno, muchas gracias. Tengo el ego totalmente domesticado, a mí no me gusta figurar ni llamar la atención. Trato de pasar siempre lo más inadvertido posible. Tengo eso muy claro y entiendo que la gente no quiere verme a mí, sino a Federer y a Nadal. Mi rol tiene que ser algo colateral, periférico, debo acompañar y no entorpecer. Una vez mirando una carerra de Fórmula 1 me encontré a Carlos Reutemann comentando. Era un día de muchísima lluvia y no se veía nada de nada en el circuito. Y el “Lole” dijo: “Si el primero se traga la curva y se estrella contra el paredón, el que va atrás lo sigue, porque sólo ve una luz”. Con ese comentario logró sentarme a  mí adentro de una butaca de Fórmula 1 sin entender nada del deporte. Eso mismo trato de buscar como comentarista. 

-Dicen que los tenistas tienen carácter complicado, ¿es así? 
-Todas las profesiones tienen sus particularidades. El tenista tiene mucha presión sobre una sola persona, es imposible derivar la responsabilidad. Si no te sale el saque vas a estar con la cabeza en eso hasta que te salga, estás siempre ensimismado en mejorar porque todo depende solo de vos. Vivís encerrado en un mundo muy competitivo, tratando de mantenerte en el ranking, estar en forma, mejorar, ¡uff! De todas formas cuando se relajan son personas normales, te encontrás con Nadal o Federer y no podés creer lo cálidos y comunes que son. 

-¿Cómo completarías el top five de los mejores jugadores que viste en cancha? 
-Los primeros que se me vienen a la cabeza son Roger Federer y Rafael Nadal. Lamentablemente no pude ver la época de Guillermo Vilas, ni el éxito de Jimmy Connors. Si tuviera que completar la lista, me inclinaría por André Agassi y Pete Sampras. Y también sumaría a Boris Becker e Iván Lendl. Aunque sin dudas, Rafa y Roger son de otra galaxia. 

-Decís que tu espíritu de chico del interior siempre está presente, ¿regresás mucho a Rafaela? 
-Trato, allá viven mis papás y tengo familia. Dos veces al año los visito seguro e intento siempre llevar a mis hijos. 

-¿Alguno de los chicos juega al tenis? 
-No, el más grande juega al rugby en Alumni. Me fue difícil aceptarlo, más que nada porque es un deporte más violento y rudo que el tenis. Creo que por la traición se hizo hincha de Atlético de Rafaela, para compensar (risas). Valentina pratica hockey y los otros dos todavía son muy chiquitos. Veremos por qué camino irán. 

-Y vos, ¿hacés deporte? 
-Tengo una rutina bastante desordenada, entonces intento hacer gimnasia cuando tengo algo de tiempo. ¿Tenis? Peloteo si encuentro a alguien que me haga la segunda. Antes jugaba con amigos en el Buenos Aires Lawn Tennis, pero ahora vivo en Zona Norte y me queda muy a trasmano. 

-Para terminar, ¿cómo puede ser posible que seas uno de los pocos deportistas argentinos que ganaron una medalla olímpica y la hayas perdido? 
-Y, bueno, fue mala suerte. La tenía debajo de la cama en una caja de zapatos junto a la de los Panamericanos y demás trofeos. Un día vino mi hijo con un amigo y quiso verla, la fui a buscar y se la mostré. Después de eso no sé dónde la puse y no la encontré nunca más.
Fernando Gómez Dossena

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