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“La fotografía me ha dado una forma de soportarme en el mundo”

Retrató a Borges en la intimidad de un baño; imprimió esa imagen, la usó como carta de presentación y accedió a muchas otras plumas, como Cioran y García Márquez. El fotógrafo y poeta que inventó la selfie en los años ‘80 no entiende de límites: “Soy un eterno adolescente”, asegura.

lunes 23 julio, 2018
El fotógrafo realizó la primera selfie con Borges.
El fotógrafo realizó la primera selfie con Borges. Foto:Cedoc

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El tiempo pasa, sin apuros, frente al espejo. El fotógrafo Vasco Szinetar ya no es aquel personaje de barba tupida que le devuelve muecas a su reflejo; está entrecano y melancólico.

Durante más de tres décadas, el artista venezolano persiguió a Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Juan Villoro, Mario Vargas Llosa, Jon Lee Anderson y un sinfín de escritores. Se retrató con ellos en baños, hoteles y aeropuertos. ¿El resultado? ‘Cheek to Cheek’ y ‘Frente al Espejo’.

Las dos muestras, que hace poco estuvieron montadas en la Biblioteca Ricardo Güiraldes, son una reflexión sobre el cuerpo y el poder. “Quienes participan de estas performances son personas que tienen un rol determinado en la sociedad: escritores, políticos, artistas. Al retratarme con ellos, en definitiva, estoy dando el testimonio de un personaje, que soy yo. Siempre supe que a estas series había que desarrollarlas en el tiempo para que tuvieran legitimidad, y eso hice”, explica el hombre que inventó la selfie en los años 80.

En ambos trabajos conceptuales, el fotógrafo transcurre sobre su propia historia, cambia de espíritu, de fisonomía, de actitud. “Con el tiempo, uno se vuelve más pesimista, pero de pronto surge un personaje que, en su simulacro, te incorpora a la fiesta y tu postura cambia. Hay fotos tranquilas, sosegadas, y fotos que juegan con la inmadurez, con ese sentido adolescente que tiene el hombre y que lo hace humano”, revela.

Llave maestra

“El inicio de mi trabajo, por esas cosas del azar, está vinculado a la Argentina. Cuando Borges llegó a Venezuela, en 1982, decidí incorporarlo a la serie ‘Frente al espejo’, que justamente está vinculado con un elemento sobre el que ha escrito y reflexionado mucho. Al revelarlo, vi ese retrato tan informal y tan íntimo que me sorprendí. ‘Dios mío, esto me va a llevar toda la vida’, me dije. Y así fue”, describe Szinetar.

Ese mismo retrato, después, ofició de carta de presentación. “Una vez estaba en Cartagena de Indias y quería fotografiar a Salma Rushdie. Me acerqué a él, le mostré la foto de Borges y le propuse hacer la misma toma. La miró y me contestó: ‘No hay problema, vamos al baño’. El retrato de Borges ha marcado un antes y un después en mi vida, no sólo le ha dado dimensión a mi trabajo, sino que además ha sido un instrumento de seducción para otros. En definitiva, todos quieren ser como él porque es mucho más que un escritor, es uno de los paradigmas de la palabra.”

Algo similar sucedió, después, con el retrato de Gabriel García Márquez: “Llegué a él gracias a la generosidad de Tomás Eloy Martínez. Tanto Gabo como Borges se convirtieron en dos íconos de la serie. Por eso estoy feliz de exponer acá, porque los argentinos tuvieron mucho que ver con mi trabajo, así que me siento un poco argentino. Con la familia Martínez, en particular, hay una especie de alianza secreta: ahora estoy en Buenos Aires gracias a la generosidad del hijo de Tomás Eloy, Javier, director general del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura del Gobierno de la Ciudad. Cómo son las cosas, ¿no?”, reflexiona.

Obsesiones

De la época de Borges y García Márquez, Szinetar conserva el espíritu lúdico y el miedo a cambiar de pareja. “La fotografía para mí es una forma de vida, y la voy construyendo en base a mis obsesiones. Como soy conservador, llevo medio siglo trabajando con una Nikon. Me hubiera encantado probar con otras marcas, pero soy muy temeroso, ¿qué quieres que te diga? Me cuesta pensar en otra compañera”, confiesa.

Una y otra vez. El fotógrafo vuelve a su obra para entenderse: “Reviso constantemente mis archivos, mis pruebas de contacto, y descubro cosas extraordinarias que no había visto cuando las hice. Para mí la obra es el ejercicio de la paciencia y de la constancia”.

 

-Te formaste en la escuela de cine León Schiller de Lodz y en la International Film School de Londres. Querías ser cineasta y te convertiste en fotógrafo, ¿qué pasó?

-Cuando me fui a estudiar era joven, ávido e inconsciente, y la vida me fue colocando cada vez más en el mundo real. Una cosa es lo que uno sueña y otra cosa es lo que la vida te va dando. El cine es una tarea titánica porque tienes que lidiar con muchos elementos: tienes que ser un general, un poeta, un banquero, tienes que tener demasiadas personalidades para poder llevar a cabo un proyecto cinematográfico. La fotografía, en cambio, es un ejercicio silencioso que se adapta más a mi forma de relacionarme con el mundo: depende solamente de mi mirada, de la cámara y de la realidad. Por eso opté por el retrato, porque entiendo que es una forma de ver, respetar y rendirle homenaje a la gente. Cada vez que retrato a un ser humano le estoy diciendo que para mí es importante. Volcarme a la fotografía ha sido único: me ha dado un oficio, un modo de vida y una forma de soportarme en el mundo.

-¿Crees que la originalidad es una búsqueda o una trampa?

-Una trampa. Ya me liberé de la angustia que provoca la búsqueda de la originalidad porque entendí que estamos atados a la tradición y a las influencias de otros artistas, poetas, cineastas. El mayor desafío de los que trabajamos en el discurso artístico no es ser originales, sino saber editar nuestro propio trabajo. Llega un momento en el que no sabemos qué hacer con todo eso que hemos producido ni cómo darle sentido, y eso sí que es angustiante.

A vuelo de pájaro

Mientras se desempeña como director/curador del Archivo de Fotografía Urbana de Venezuela, Vasco Szinetar trabaja en múltiples proyectos en paralelo. “En Buenos Aires, por ejemplo, tomé unas imágenes en la exposición de Andy Goldstein para un trabajo el que dialogo con algunos autores. También hice fotos para ‘A vuelo de pájaro’, un trabajo que realizo cada vez que visito otro país y que tiene que ver con una mirada subjetiva sobre la propia naturaleza del viaje rápido, con poco tiempo. Hice una suerte de diario sobre mi estadía en el hotel, el metro, ciertas calles, es decir, una especie de acercamiento a esta ciudad que es sumamente referencial para todos los latinoamericanos. Quiero volver para vincularme más con Buenos Aires y su gente; y, sobre todo, para llevar a un fotógrafo argentino que formó parte de la diáspora en Venezuela: Tito Caula. Hay un proyecto muy interesante para exponer su obra en el país y estoy entusiasmado”, relata.

cedoc

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