Break!

Entrevistas Entrevista

“La vida sin espiritualidad no tiene sentido”

La actriz cuenta que “llegar a la mitad de la vida” fue una experiencia muy interesante. Enamorada y repleta de trabajo encuentra en su hijo adolescente, la naturaleza y el esoterismo su cable a tierra.

mircoles 30 mayo, 2018
Natalia Lobo
Natalia Lobo Foto:José Tolomei

Más noticias de Entrevistas

Un 2018 diferente vive la actriz y cantante (aunque no le gusta definirse así). A los 48 años la pareja de su madre, Martín, acaba de iniciar los trámites para adoptarla. Así es como, si la justicia lo permite, dejará de ser Natalia Sarraute -apellido de su papá que se exilió cuando ella tenía tres años y jamás retomó el contacto- para ser legalmente Natalia Lobo. “No puedo hablar mucho sobre el tema para no entorpecer el proceso, pero estoy emocionadísima. Esto significa cerrar mi historia familiar. A veces le preguntan a mis padres por qué no lo hicieron antes y mi mamá responde que el momento era ahora, porque todo tiene un ciclo. Yo pensé que iba a ser un trámite nomás, pero me es realmente muy fuerte”, cuenta y se emociona. En el plano laboral, está interpretando un clásico en teatro: Edipo Rey, en el Centro Cultural de la Cooperación. Además, comenzó a grabar un unitario con Pablo Echarri y se prepara para hacer, hacia mita de año, Madre coraje de Bertolt Brecht en el San Martín, dirigida por José María Muscari.

-¿Tu profesión te sigue sorprendiendo?

-Sí, me sorprende que me sorprenda. Es maravilloso y motivador. Aunque suena a frase de libro de autoayuda de Pablo Coelho siento que cuando uno crece en lo personal, se refleja en todas las áreas de la vida. En estos últimos tres años me separé, me encontré en la llamada mitad de la vida...(Piensa) Me di cuenta que hasta acá llegué, solté y me relajé. Soltar es matar, es renunciar a cosas que no sucederán y que tampoco son de vida o muerte. Sino actúo más no me voy a morir y sino me enamoro nunca más, tampoco. Y no no es gran cosa, nada es tan grave como uno piensa. ¡Ahora todo lo que viene es de yapa!

-¿Ya no te importa nada?

-Y... todo me importa poco (risas). Hago lo que quiero, no me desespero, ya no tengo que demostrarle a nadie que no soy más la modelo que fui, sino actriz... Ahora busco pequeñas metas, me frustro menos y soy más feliz.

-¿Qué lugar ocupa hoy la cantante?

-A mi me gusta cantar. Trabajar de actriz para mí es un oficio que fue creciendo con el tiempo. En cambio, siento que no tengo el oficio de la cantante. Me gusta, pero no es mi profesión.

-¿Lo hacés de manera más natural y espontánea?

-Ahora, porque yo de chica siempre quise ser cantante. Era como una obsesión y darme cuenta que no se iba a dar fue una gran frustración y una aprendizaje a la vez. La vida siempre te lleva por dónde ella quiere.

-¿Cómo te reconciliaste con la idea de no dedicarte a la música?

-Fue difícil (risas). Un tránsito muy complicado. Trabajaba de actriz pero no quería dejar mi otro deseo hasta que comprendí que el destino me estaba llevando para otro lado. ¡Cómo nos cuesta a los humanos darnos cuenta de ir por dónde la cosa fluye! ¿Qué importa si era mi deseo? Capaz Dios sabía más que yo, así que en un momento decidí ir por ahí.

-Tu profesión es muy inestable, ¿qué hacés en los momentos que no estás con proyectos?

-¿Ahora? Disfruto. Antes me daba mucho miedo, temía que no me llamen más, quedarme sin plata... Con el correr de los añpos me fui dando cuenta de que cuando se me acaba la guita siempre algo aparece. Me pasó muchas veces y aún así seguía sufriendo. Fui una estupida hasta que me relajé.

-¿Y cómo ocupás el tiempo libre?

-Hago de madre, que me encanta, soy muy ama de casa, hago cursos y seminarios, voy al gimnasio, decoro la casa, leo, veo amigas o no hago nada en absoluto...

-¿Cómo te llevás siendo madre de un adolescente?

-Muy bien, lo disfruto un montón. No me parece para nada difícil. Todas las edades de Inti fueron lindas. Nunca le puse peso ni solemnidad a la maternidad, entonces fluyó siempre muy bien. Voy con él, lo acompaño y la pasamos súper.

-¿Qué compartís?

-Hablamos mucho, escuchamos música, conozco mundos de los que la mayoría de la sociedad está ajena. De golpe me muestra cantantes con millones de seguidores que yo no tengo ni idea de que existían. Escucho la letras de los temas que escucha y me doy cuenta qué le resuena y me conecto con él a través de eso y de las series y películas. Le cuento mucho sobre mi vida, sobre mi presente, lo ayudo a disfrutar la vida, más de lo que la disfruté yo.

-¿Siempre tiene ganas de hablar?

-No, a veces cada uno está en su lugar y nos respetamos.

-¿Sos solitaria?

-Muy, siempre lo fui y me encanta. No sé por qué tiene mala prensa. Me encanta irme de vacaciones a lugares en dónde no hay nadie, estar días enteros en mi casa sola... De chica era extremadamente solitaria. Si estoy mucho tiempo con mucha gente necesito por lo menos dos días de reclusión, la gente me cansa un poco. Hay que hablar, sonreír y demás y me cansa.

-¿Tanto?

-Sí, de chica no jugaba con nadie, no hablaba casi, era muda... Lo único que decía era sí o no.

-¿Y cómo cambió la situación?

-Fui cambiando de a poco, lo padecía un montón.

-Y ahora te dedicás a expresar...

-¡Sí, qué loco! Mi sueño de chica era cantar, bailar y que la gente me mire, pero no hablaba. Quería que me aplaudieran, que me vieran y claramente eso es porque te sentís un menos diez. Necesitaba mucho reconocimiento y tenía mucha inseguridad.

-En un momento tuviste mucha popularidad, ¿cómo lo transitaste?

-Mejor de lo que pensaba. Supe bajar en el momento justo. Me di cuenta que era famosa porque estaba en un programa con 40 puntos de rating y eso no era ningún mérito propio y que me iba a enloquecer. Sentía que iba en un auto de fórmula 1 y no sabía a dónde iba ni cómo apretar el freno. Entonces, decidí ir paso a paso, construyéndome. Siempre supe cuidarme.

-¿Cómo te cae el paso del tiempo?

-Bien, tengo la suerte de que genéticamente me defiendo (risas). Me cuido, soy coqueta, sana, voy al gimnasio y me gusta verme bien. Me ocupo de mí misma, uso cremas, voy al dermatólogo... Siempre fui más salvaje que ahora. Cuando hice este click me di cuenta de que es genial crecer y que siempre viene algo copado. Ya sé quién soy, qué quiero, que no me gusta, qué sí.. Y nada ni nadime me apura

-¿Es como que le dijiste adiós a los problemas y las ansiedades?

-No, pero aprendí a manejarlos un poco más. Este año cuando me llegaron tantos proyectos me agarró un cierto susto, pero al toque me di cuenta de que no podía dejar pasar la oportunidad y le puse el alma, el cuerpo y el corazón. Y si de última me canso o me estreso, dejo la profesión... (sonríe)

-¿Y qué harías?

-No sé, me gusta la ropa, quizá haría algo con el diseño. O con los jardines. O la música. Hace poco descubrí que la tranquilidad proviene de estar centrada y ¡es genial! Eso lo trae la edad.

-¿Tenés un costado espiritual muy desarrollado?

-Sí. Tuve una abuela muy espiritual. Ella era siciliana, tenía su altar y era la curandera del pueblo, de la ciudad de Azul. Rezaba muchísimo. Mi mamá también lo es, a los 12 años me hizo leer Siddahrta y a (Carlos) Castañeda. Leí sobre energías, chakras, tarot... Crecí con estas mujeres que eran esotérica desde los ´70.

-Pero no sos religiosa...

-No. A la mañana rezo el Padre nuestro a mi manera como un saludo al sol, tengo mi altar muy mezclado con algunos santos, una bola de cristal, piedras... Mi universo de creencias. Todo eso me ayuda a conectarme con todo lo que hago. Para mí es muy importante lo espiritual, la vida sin espiritualidad no tiene sentido.

-¿Qué te nutre?

-En la ciudad es difícil, pero cuando puedo me acerco a la naturaleza. Investigo, leo sobre bioneuroemoción, hablo con mi mamá, aprendo sobre alimentación ayurveda... Creo en mí y en una fuerza que no tengo idea qué esm pero sé que está.

-¿Estás en pareja?

-Estoy re bien, después de mi separación me había despedido del amor para siempre. Lloré, tuve ocho meses de duelo... llegué a matar al amor.

-¿En qué sentido?

-Entendí que nunca más iba a tener un beso apasionado o un abrazo... Pensé que era el fin y, de golpe, apareció un hombre (risas). Y estoy re contenta, ¡tengo un novio hace un año y medio!

-¿Qué aprendiste del amor con el tiempo?

-No tengo ni idea lo que es el amor, es indescifrable. Lo que me doy cuenta es que uno con el otro aprende mucho de uno, es un espejo. Descubrís miedos, en qué te convertís con el paso del tiempo y la rutina... La pareja es un engranaje a veces asfixiante, y simpre es dificl escapar de los roles estigmatizados. Al principio es hermoso el amor, lo mágico y las mariposas, pero de a poco uno se afinca en un lugar que no está bueno. Hay que estar atento para no caer en eso.

-¿Cómo te ves en muchos años?

-Sabia, vital, sin miedo a la muerte, llevando el transitar del tiempo en el cuerpo lo mejor y más sano posible. Si uno hace crecer el espíritu compensa la degradación del cuerpo. Si estuviera concentrada sólo en lo físico, ya estaría muerta (risas).

-¿En la ciudad?

-No, no quiero morir en la ciudad. Me imagino una vejez en la naturaleza, conectada con los elementos, el aire, el agua y la tierra. Preparada y despidiéndome para pasar a otro plano.

 

UN GRAN DESAFÍO

Hace un mes a Natalia le llegó lo que tanto esperaba como actriz: hacer un clásico. La llamó Fabián Vena para sumarse a Edipo Rey (en el Centro Cultural de la Cooperación) como Yocasta. “Es tremenda la obra y me costó y cuesta muchísimo hacerla. El texto es fuerte y tiene una vigencia increíble”, cuenta “la Lobo” y agrega: “Cada vez que estoy en escena siento que estoy domando un caballo salvaje. Nunca me sucedió algo así en mi carrera, sin quererlo es un antes y un después”.

Fernando Gomez Dossena

Encuesta

Top Stories

  1. 1Break