Break!

Entrevistas Entrevista

Inés Bertón: “Lo único que puede deprimirme mucho es la rutina”

Empresaria exitosa, pero sobre todo creativa. Asegura que la inspiran las cosas más simples. Su amistad entrañable con Cris Morena, la arquería como hobby, el miedo a volar y los secretos de un oficio milenario en boca de la tea blender más prestigiosa de la Argentina.

mircoles 22 agosto, 2018
Berton
Berton Foto:Agustin Cigara

Más noticias de Entrevistas

El té es todo en su vida. Y no es una exageración. Es placer, es trabajo, es compañía y hasta se convierte en medicina cuando se siente mal. Esa pasión que siente por la bebida milenaria, Inés supo convertirla en éxito a través de sus marcas Tealosophy, Inti Zen y Chamaná.

La historia de su relación tan particular con el té comenzó a sus 22 años. Por ese entonces Inés trabajaba en Nueva York en el MoMA como una “che piba”, le apasionaba el arte y no se veía desempeñándose en otro ámbito. “Me fui de viaje por una semana, pero yo quería quedarme allá a cualquier precio. Encontré ese trabajo en el museo. Debajo del edificio había un local de té, al que iba como clienta y armaba mis propios blends para llevarme a casa. Lo loco era que todos los que estaban en la fila pedían los mismos que yo, ¡y les aumenté muchísimo la facturación!”, recuerda. Un día la dueña le propuso sumarse al negocio, sin dudarlo cambió de oficio y empezó a poner manos a la obra en ese universo olfativo.

-¿Existe todavía el local?

-Sí, pero se mudó. Recuerdo que cuando lo conocí me di cuenta de que ese era mi lugar en el mundo. Yo soy muy tranquila y en Nueva York todo el mundo siempre anda corriendo, sentía que no pertenecía hasta que conocí esa casa de té. Es un espacio que tiene que ver con mi forma de ser: cultiva esa fusión de Oriente y Occidente que me identifica. Ese día llamé a mi padre y le dije: “Largué el museo, ahora voy a hacer té” y el pobre me contestó: “¿Un test vocacional?”. “No, no. Té para tomar”. Se quedó pasmado. Yo sólo llamé para comunicar, no para pedir permiso. Estaba convencida de lo que quería.

-¿Recién ahí tomaste conciencia de que eso podía ser un trabajo?

-No. Muchas cosas no fueron tan premeditadas ni con tanto glam. Al principio me llamaron para ir a trabajar atrás del mostrador, pero para mí el agregar valor es una condición en todo lo que hago. Así que como tenía 22 años y quería ir a todas las fiestas de los Hamptons desarrollé unos almíbares de té que iban perfectos como ingredientes para tragos. Se pusieron de moda y de golpe era la invitada a todas las mejores barras neoyorkinas. Mi empresa no nació como un negocio, nació motorizada porque quería ir a fiestas (risas).

-¿Ya tenías la nariz entrenada?

-Empecé a estudiar para perfumista en el sur de Francia. A mí gustaba el arte, siempre pinté, dibujé, escribí, armé sketchbooking, estudiaba también escultura y de repente en el té vi todo. Fue mi manera de expresar mi arte a través de algo que no sea un lienzo o un papel.

-¿Tomás té desde siempre?

-No, yo de chica tomaba Nesquik en vaso de vidrio, con grumos y cucharita. Me encanta el té y siempre tuve mucha historia con los perfumes. O sea, me acuerdo que mi tía abuela agarraba un repasador y ponía en el medio hojas de eucaliptus y alguna cascarita, lo cerraba y apoyaba la pava. Y a mí, ese perfume y el de las tostadas me remite al hogar. Siempre estuve conectada con los sentidos y la percepción.

-¿Cómo lograste que el té se transforme en algo cool?

-Todo lo que te haga bien es lo más cool del mundo. El té es el segundo producto más consumido después del agua. Pero para mí el té no es una bebida para cuando me duele la panza o la garganta. Una tetera panzona y humeante es una gran compañía. Compartir una taza de té con una amiga, con un amigo, con mi madre es un buen medio.

-¿Cómo es tu trabajo? ¿Existe la rutina?

-Es todo lo que te imagines menos rutinario. Toda la vida dije: “Lo único que puede llegar a deprimirme mucho es la rutina”. Y trate de actuar en consecuencia. Muchas veces me dicen que envidian mi trabajo y que tengo suerte, pero yo creé mi vida para que sea lo que a mí me gusta. Por ejemplo, a mí me encanta trabajar en lugares lindos y entro a Tealosophy y siento que estoy en Disney.

-¿Te cansás de viajar?

-Yo amo viajar. Amo la naturaleza, necesito clorofila para estar feliz. Hago lo que disfruto e invito a la gente a compartir mi sueño y que lo hagan suyo también. Yo estoy convencida de que mi misión en el mundo es inspirarme para inspirar a otros.

-¿Qué hacés durante los vuelos?

-Durante años tuve pánico a los aviones porque tuve un tema muy fuerte con un avión.

-¿Tuviste un accidente?

-No, fue más heavy todavía. Yo alquilaba una casa en una playa en Nueva York en donde se cayó un avión, el TWG. Me agarró un trauma espantoso, casi pierdo mi trabajo. De hecho, por ejemplo, subía una señora con tacos altos al avión y yo me volvía loca porque pensaba que iba a agujerear el piso. Entonces, empecé a entender que el miedo es la ilusión de algo que no pasó. Comencé a tratarlo y se me fue por completo. Hoy volar es mi spa, veo muchas películas y escribo. Es más, me llevo mi propio té para que me acompañe.

-¿Lo empresarial te gusta?

-Cero. Me aburre enormemente.

-¿Y cómo hacés?

-Hay una cosa que tengo clara: que vos seas buena en algo no quiere decir que te tenga que gustar. Entonces, yo creo que soy buena empresaria. De hecho, estoy nominada ahora al Premio Konex como Empresaria de la Década, soy la única mujer entre 10 varones. Claramente hay mucha gente que lo hace mejor que yo, por eso mi sueño es ser la Directora Creativa de mi marca y apartarme de las planillas de Excel.

-¿Qué cosas hacés, además del trabajo, que te dan mucho placer?

-Hago arquería.

-¿Cómo llegaste a esa actividad?

-Me recomendaron un libro que explicaba la diferencia entre soltar y dejar ir. En un fragmento explicaba el trabajo de poner el foco en algo y mencionaba las reglas básicas de la arquería que son: no mente, no miedo, no ego. Y empecé a llevar ese mantra a la práctica. También me gusta la música. En mi casa siempre hay música, tengo amigos que se dedican a eso y hacemos en verano picnics al aire libre y en invierno prendemos la chimenea y comemos fondue. Viajar con mis sobrinos me apasiona, son la luz de mis ojos.

-¿En tantos viajes que hiciste ya encontraste tu lugar en el mundo?

-Sí. Es Mendoza, un sitio que adoro.

-¿Qué te gusta de esa provincia?

-En un momento difícil de mi vida fue un lugar en el que encontré mucha buena energía. También me encanta un hotelito en Punta del Este que se llama L’auberge, ahí suelo escaparme a inspirarme. Este año conocí Ibiza y me fascinó, así como Asni en las montañas de Marruecos.

-¿Cómo te inspirás?

-A veces la gente cree que me inspiro solo con los monos en el Himalaya, pero me inspiro mucho más con lo cotidiano. Me acuerdo que un día entré a mi casa y había una tarta tatin de peras y canela, y así se me ocurre un blend. El más vendido de la marca.

-¿Cómo te cae el paso del tiempo?

-Súper.

-¿Por qué?

-Creo que me cae muy bien porque honro la vida y vengo bailándole a la Luna bien. En los momentos difíciles también creo que el secreto es animarse. Uno tiene la responsabilidad de ser feliz. Si una elije, por más que elijas mal y te equivoques un millón de veces, hay que probarlo porque es genuino.

-Estuviste mucho tiempo casada, ¿tenés ganas de volver a enamorarte?

-Siempre tengo ganas de volver a enamorarme. Estuve muchos años casada con una muy buena persona, Rodrigo (Toso, chef). Nos tuvimos un cariño entrañable y nos separamos. Fue doloroso como todas las separaciones, pero como dice Murakami: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Necesité habitar ese dolor para pasarlo y no llenarlo de ruido, ni de descontrol. Ahora estoy muy bien, en un muy buen momento.

-¿Qué sueños te quedan aún por cumplir

-Ufff, sueños… creo que siempre soñé a lo grande y, la verdad, que sigo soñando a lo grande. Yo creo que hoy vamos rumbo a ser una compañía global y tenemos todo para serlo. Mi sueño es crear una empresa con épica que vaya mucho más allá del negocio.

-¿Y en lo personal?

-Por supuesto que sueño con compartir la vida. Eso me parece vital. Creo mucho más y estoy convencida de que hay que cambiar el verbo competir por compartir. Creo que si lo hacemos todos vamos a llegar mucho más lejos y mucho mejor. Estoy convencida.

Fernando Gomez Dossena

Encuesta

Top Stories

  1. 1Break