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Minujín: “Siempre fui y seré un escándalo”

La artista plástica presentó el Partenón de libros (esta vez en Alemania) y le sumó la reciente obra pública, Escultura de los deseos.

lunes 29 enero, 2018
La artista plástica Marta Minujín.
La artista plástica Marta Minujín. Foto:CEDOC

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Marta Minujín tiene 74 años y una energía que sorprende. Acaba de inaugurar su última obra, La escultura de los deseos (una iniciativa de la firma Naranja) al lado del Malba y aunque el calor es agobiante ella soporta con sus ya clásicas gafas tres horas al sol disfrutando de su creación y del entusiasmo del público. 

-La gente por la calle te trata como una rockstar... -(Interrumpe). Sí, siempre fue así desde los 24 años: un escándalo. Y seguiré siéndolo. Todo lo que hago sorprende y al mismo tiempo descontracura. A mí no me importa el papelón y quiero hacer que la gente piense. (Piensa) El año pasado fui a la tapa de los personajes del año de la revista Gente y quedé estupefacta, el 70 por ciento de los invitados era no pensante, ni siquiera piensa en sí mismo, sólo en lo exterior... Ellos hablaban de la última lola, de la cola, del último o el próximo novio... Ahí me di cuenta de que a la Argentina le falta un tensor de pensamiento, los argentinos tienen que pensar más, por empezar lo debería hacer la mismísima Patricia Bullrich (N. de la R.: se refiera a la represión durante la marcha en contra del recorte a los jubilados). 

-¿Estás al tanto de la realidad? -Sí, leo todos los diarios y escucho y miro noticias todo el día en mi taller. Tengo sintonizados Euronews y CNN y recibo las alertas del The New York Times en el celular.

-¿Te angustia lo que pasa? -No, porque después de haber estado los últimos meses en Europa, que se está destruyendo por el terrorismo, me di cuenta de que esto es un páramo. Hay mucho odio entre la gente, mucho fanatismo religioso, veo como una guerra de las religiones... Latinoamérica sin terrorismo está mucho mejor. Igualmente acá pasan cosas...Lo que sucedió con los jubilados fue muy grave, no pueden sacarle la plata, ¡no pueden ni comprarse un pan dulce! Y menos tienen que hacer algo así a fin de año. Eso es provocar la violencia y más con este calor. El calor enardece, te saca de las casillas.

-¿Por qué creés que seguís provocando después de tantos años? -Porque creo que mi mente es una esponja psicodiferente que capta las ondas de los argentinos, entonces voy cambiando como va transformándose la Argentina. Por ejemplo ahora los jóvenes de 20 están enloquecidos conmigo y no entiendo por qué. Creo que ellos saben comunicarse conmigo y no con lo tétrico de un monumento. Impulso a vivir el arte. Con mis obras obligo a la gente a interactuar.

-¿Qué te gustaría provocar? -Quiero hacer un proyecto fantástico para la provincia de Buenos Aires que consiste en dibujar el perímetro de la frontera mediante  un cable coaxil que pueda ser visto a través de Google Earth. Quiero que los artistas de los municipios me ayuden a llevar el cable de 1400 kilómetros y ponerlo en el contorno, en la frontera. Obviamente no voy a poder cubrir la zona del mar, únicamente que se sumen los peces y las ballenas.

-¿Te sentís más respetada por el público que por el establishment del arte? -Mucho más, todo el tiempo. Nadie del arte viene a ver mis obras.

-¿A qué lo atribuís? -Les choca porque están demasiado encasillados en lo que saben y no pueden ver lo que no saben y no lo aceptan.

-¿Te molesta? -¡Me encanta! Me gusta desestructurarlos y que no opinen sobre mí. El establishment del arte no me quiere nada, en Nueva York y Europa soy más conocida. Acá vendo muy poco. 

-¿Fue difícil ser mujer en el mundo del arte? -No, el gran arte no tiene sexo. Un buen artista puede ser un hombre o una mujer entonces nunca le di bolilla a eso. Si bien en Estados Unidos al principio me combatieron, cuando se dieron cuenta que era tan bueno lo que hacía se olvidaron de que era mujer. No quiero mostrar mi feminismo a través del arte, no lo necesito ni me interesa.

-¿Cómo es tu rutina de trabajo? -Voy todos los días a mi taller a las 13 horas y me quedo hasta las 19. Dibujo, pienso, hablo por teléfono... Hago cuadros, obras con almohadones, de todo. Así es mi vida.

-¿Te involucrás con asuntos burocráticos? -En mi vida no hay papeles, jamás voy al banco, no sé cómo manejar una tarjeta. Hace un tiempo, en Venecia fui a sacar plata y me la olvidé en el banco, ¡un desastre! Me gustaría tener un fantasma al lado que se ocupe de todo eso que no es arte.

-¿Cómo es tu relación con las nuevas tecnologías? -Me llevo perfecto, es más mi última escultura está hecha íntegramente con la computadora. Es buenísima la tecnología porque podés crear desde cualquier lado, desde cualquier parte del mundo...

-¿Y las redes sociales? -Uso Instagram, tanto Twitter como Facebook me parecen pasados de moda, para viejos. Instagram se mantiene porque es rápido, visual, atractivo... es cultura instántanea. Ojo, los diarios sí los sigo leyendo en papel. Los recorto, me armo un collage de noticias y leo. 

-¿Qué te da placer? -La naturaleza, las montañas enormes, todo lo gigante... me gusta el gigantismo. Caminar por edificios altísimos de Nueva York me encanta, pero nada como irme al sur al Camino de los Siete Lagos y ver esos árboles de 60 metros y los picos nevados. 

-¿Y en la ciudad? -Trabajar es lo que más placer de me da y me hace feliz. Nací para esto. Lo que más me motiva es tener nuevos proyectos y estar en actividad. Lo que yo hago es divertido para mí y mucho circo para la gente que siempre le gusta. 

-¿Qué es el éxito para vos? -(Piensa). Realizarse. Hacer una obra que a uno le guste. Yo soy terriblemene omnipotente porque las obras que hago son difícilisimas. 

-¿Te sentís súper poderosa? -No, pero me da una felicidad interna brutal el hacer. Hago a la gente feliz y todos me agradecen. Me siento solidaria. 

-¿Tenés un costado espiritual? -No, de ninguna manera, mi religión es el arte. No creo en nada más. El arte es una manera superior de estar en el mundo, por eso soy una privilegiada. Soy una artífice de la realidad. Ya pasé mi parte existencialista de la vida entonces hago todo a color, la vida para mí hoy es un color, a puro color.

-¿Te cuidás? -Muy poco. Hace como 38 años que no voy al médico, desde que tuve a mi hija. El tiempo lo dedico a ir al taller y después a ver mis obras. Soy una privilegiada porque nunca me enfermo y eso que estoy en edad. Mi medicina es el arte, me protege.

-Tenés un marido economista, un hijo banquero, una hija Licenciada en Relaciones Internaciones, ¿cómo conjugás el arte con ellos? -No tienen nada que ver conmigo. Son opuestos, pero no convivimos socialmente. Yo no conozco a los amigos de mi marido ni él a los míos. No vamos a reuniones en común, me conecto con ellos pero a solas. Es la mejor receta para sobrevivir, así no hay nunca peleas.

-¿Con qué soñás? -Con hacer la obra de Estaua de Libertad acostada revestida de hamburguesas falsas en Nueva York, como la del Lobo marino de Mar del Plata. Entonces la gente saca esas hamburguesas y las cambia por verdaderas. El público se comería la libertad, porque hoy la libertad está caída.

-¿Vas a lograr esto tan imposible? -Sí. Este proyecto tiene 25 años, pero creo que en 2019 la hago. 


Fernando Gómez Dossena

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