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“Ni loca compartiría la cama con alguien que me fue infiel”

Es la abogada más mediática del país, pero detrás de una profesional avasallante, existe una mujer romántica y apasionada por su rol de abuela. Viajes de placer, perfumes y respeto por el culto judío son parte del lado B de la doctora conocida como “el terror de los maridos”.

viernes 19 octubre, 2018
Ana Rosenfeld
Ana Rosenfeld Foto:José Tolomei

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“Yo nací abogada, tengo el título desde la cuna”, confiesa Ana Rosenfeld sentada en su despacho. El mismo que desborda de fotos con famosos y cuadros enmarcados con notas y tapas de revista. “Me hubiera gustado tener el don para ser cantante, pero no cualquiera, sino Valeria Lynch”, acota dejando entrever también su gusto por la fama. Antes de la charla elige hacer las fotos en el “quincho” de su estudio. Con el mismo oficio que una modelo posa entre máquinas de escribir antiguas, una moto vintage, adornos vinculados a la justicia y hasta un tragamonedas. Así de desfachatada y segura de sí misma es Ana, que se mueve con la misma naturalidad y determinación en la pantalla chica como en los Tribunales. “Existo por culpa de los maridos, porque si ellos fueran sinceros y tuvieran la valentía de enfrentar una separación como corresponde, no me necesitarían”, sentencia mientras firma escritos, recibe llamados desesperados de Luciana Salazar (una de sus clientas más populares) y bromea con su marido que trabaja justo en el despacho contiguo.

-¿Qué te apasiona de tu trabajo?

-La justicia y defender los derechos de las mujeres, que considero que son realmente las más débiles en los trámites de familia. Amo trabajar, mi marido me pregunta cuándo voy a retirarme y yo estoy segura de que voy a llegar a mis últimos días en acción, ¡hay Ana Rosenfeld para rato!

-¿Cómo te llevás con la fama?

-Más que la fama, que puede ser efímera, me gusta la popularidad que adquirí. La noto en la calle, la gente es muy cariñosa, me pide fotos, me aplaude... La fama no me la creo, ni hago una utilización indebida de la misma para lograr nada en la vida, no chapeo. Soy una mujer normal y así me muevo por la vida.

-Pero, ¿cómo se la toman tus colegas?

-(Risas). Para ellos es más difícil que para mí. Yo no lo vivo como una carga, sino con naturalidad. El abogado contrario, en cambio, se siente un poco apocado y se toma tenerme enfrente como un desafío personal. Algunas abogadas mujeres compiten conmigo; en cambio, los varones me chicanean y hasta llegar a decirme cosas como: `Doctora, esto no es la televisión´.

-¿Y cuál es tu reacción?

-Los miro y les respondo que manejo el Código Procesal de adelante para atrás, así como el nuevo Código Civil y Comercial. Cosa que muy pocos saben. Tengo 44 años de abogada, por este estudio pasó de todo y tengo una gran experiencia de vida. Senté precedente. Podrá haber mejores abogadas que yo, pero ninguna va a ser Ana Rosenfeld, porque soy un combo explosivo.

-No pasás inadvertida...

-No. A Tribunales voy todos los días como cualquier abogada. Mi forma de vestir llama la atención pero toda mi vida use este tipo de ropa, es más desde que soy más famosa traté de aplacarme un poco para que no me individualicen. Igualmente aunque lo quiera hacer no me sale (risas).

-¿Siempre fuiste coqueta?

-Desde chiquitita, gasto mucho en carteras y zapatos. Es de lo único que no aumento de talle, así que lo considero una no un gasto. Y amo los perfumes, si entrás a mi baño vas a ver que tengo casi 400 fragancias.

-¿Te cuidás mucho?

-Poco, no me gustan las cirugías ni el Botox. Me hago mesoterapia y me banco las arrugas y líneas de expresión. No hago gimnasia porque no me gusta y me encantaría tener un lomazo de aquellos pero no nací para eso. En cuestión de dietas trato de recurrir a régimenes nutritivos y ahora a partir de enero aprendí a tomar algo de alcohol.

-¿Eras abstemia?

-Sólo me mojaba los labios en reuniones sociales. Este año me instalé todo enero en Miami porque es la ciudad en donde vive mi hija con mi nieta y allá empecé a almorzar y cenar con copas de champagne. Ahora me encanta y es lo primero que pido apenas me siento en un restaurante.

-¿Sentís que en tu carrera te fue más difícil por ser mujer?

-Yo superé todos los obstáculos que aparecieron y abrí todas las puertas que pude. No le tuve miedo a enfrentar a la sociedad machista, la noto, le veo, la siento, pero no me amedrentó para nada, todo lo contrario, me potenció. Yo sé que tengo una personalidad que impacta y eso al hombre lo acobarda. Muchas mujeres y hombres se visten de abogados porque necesitan hacerlo para poder enfrentar su profesión, yo puedo estar con jean y remera -no pasa nunca- y ser la más brava de Tribunales.

-¿Te considerás feminista?

-Uh, te aviso que yo no resisto un archivo. Toda mi vida dije que yo era femenina y no feminista y este último año me hicieron finalmente entender que la persona que defiende los derechos de la mujer por carácter transitivo, es feminista. Así que lo soy, aunque me asustan mucho los extremos, no me gusta la radicalidad en nada. Me sublevo contra lo que me impongan.

-¿Cuál es tu posición frente al aborto?

-Estoy a favor de la despenalización y de la legalización. Para mí son dos cosas distintas: despenalizar significa que el médico y la clínica puedan perfectamente practicar un aborto; legalizar, en cambio, es un derecho para la mujer.

-¿Qué hacés más allá de tu trabajo?

-Me gusta viajar o escaparme al río. La navegación es hermosa y viajar es lo más lindo que me pasó en la vida, independientemente del gasto que uno afronte, conocer el mundo me llena de felicidad. Y mi gran pasión es ser abuela.

-¿Qué lugares te cautivaron?

-Mi lugar en el mundo es Capri, el día que no me encuentren voy a estar descansado allá. Hay tres sitios que conocí y me llenaron de energía: Machu Picchu, El Muro de los lamentos en Israel y el Taj Mahal.

-¿Qué tiene Capri que te enamora?

-Color y aroma. No tiene playa de arenas, sino de piedras, pero sorprende con paisajes divinos. Llego allá y me transformo.

-¿Cuáles son tus placeres más cotidianos?

-Salir de compras no porque no tengo tiempo. Cuando llego a mi casa lo único que quiero es estar tirada en mi cama, prender la televisión y mirar lo que hay. No hago zapping.

-¿Qué mirás?

-Series tipo La ley el orden, CSI Miami... Amo la tecnología que tienen para la investigación.

-¿Qué actividades planeás para un fin de semana?

-Si el día está lindo me voy al río. Se necesita mucha agua para apagar tanto fuego. Me encanta irme los viernes y sábado, el agua me da paz. No suelo salir ni hago demasiada vida social. Antes veía mucho cine, pero ahora la tele la suplió.

-Llevás 33 años de casada con tu segundo marido con el que también comparten trabajo, ¿por qué creés que funciona la pareja?

-Tenemos un amor intacto y respeto mutuo, además somos re compañeros, él me banca en todos los quilombos que hago y en los que me meto. Yo tengo la piel dura, pero para la gente de mi alrededor es difícil bancarse cómo hablan mal de mí. Muchos usan la red social como una red cloacal y eso ya lo aprendí, la mitad me quiere y la otra mitad no. Y cualquier cosa que me moleste me dirijo a la justicia.

-¿Perdonarías una infidelidad?

-No, no ahí. Hacete la valija y ándate, ni loca dormiría en la cama con alguien que me fue infiel. Si me mete los cuernos es porque no le estoy dando lo que quiere, así que se las tome y me deje en paz. La traición me parece un acto de mala fe en todos los ámbitos.

-¿Sos creyente?

-Sí, soy muy respetuosa de Dios y muy tradicionalista de la religión judía. Participo de las fiestas religiosas, en mi casa comemos comida kosher y no consumo cerdo, y para las celebraciones cocino siempre platos típicos.

-En medio de tanta determinación y espíritu avasallante, ¿existe el costado romántico de la Dra. Rosenfeld?

-Soy súper romántica. Me enamoran la música, las canciones de amor, los paisajes, la barba de mi marido... Soy una mujer enamoradiza.

-Para terminar, ¿tenés sueños por cumplir?

-(Piensa). Quisiera ser la Ombudsman de la justicia porque hay muchísima injusticia en Tribunales. Me encantaría recorrer los juzgados y hacer control de calidad. Tengo mucho más de lo que imaginé, pero no me resigno a que el mundo sea siempre un poco más justo para todos.

 

Destacado 1: “El agua me baja a tierra, me encanta navegar. Se necesita mucha agua para apagar tanto fuego”.

Fernando Gomez Dossena

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